
Sabado, 08 de abril de 2006
Un conjunto de estudiantes uniformados, con buena conducta y rendimiento de la academia Ánimo Oscar de la Hoya, una preparatoria autónoma o charter, fue la prueba más contundente de que los seis millones de dólares donados por un filántropo angelino ayer serán una buena inversión.
Casey Wasserman, empresario y presidente de la Fundación Wasserman, donó esa cantidad al grupo Escuelas Públicas Green Dot, con la finalidad de transformar la preparatoria Jefferson del sur de Los Ángeles, uno de los planteles con el peor desempeño académico en el Distrito Escolar Unificado de Los Ángeles (LAUSD).
Tanto administradores como funcionarios coincidieron en que el cambio es necesario para una escuela acechada de problemas de inseguridad, tensión racial y bajos niveles de rendimiento.
“La oportunidad de recibir una educación no es un privilegio, sino un derecho que todos se merecen”, dijo Wasserman.
Ignacio García, padre de tres estudiantes de la preparatoria Jefferson, dijo que la escuela “necesita un cambio, una transformación”.
Siguiendo el modelo existente en cinco otras preparatorias administradas por Green Dot, la Jefferson será dividida en seis comunidades de aprendizaje con menos estudiantes por maestro, más rigor académico y mayor participación de padres de familia.
“Estoy cansado de quienes dicen, ‘pobrecitos, no pueden aprender inglés, o no pueden aprender álgebra’”, dijo el alcalde Antonio Villaraigosa ante más de 200 estudiantes.
“Eso me dijeron a mí, y debemos decir ‘¡ya basta!’ No podemos aceptar esos argumentos, porque en sus ojos veo a doctores, veo a abogados, veo a arquitectos e ingenieros”, aseveró.
Los seis millones de dólares, que serán distribuidos en los tres próximos años, implementarán el plan de transformación aprobado por el Distrito Escolar Unificado de Los Ángeles (LAUSD) el mes pasado. Se espera que las academias del complejo Ánimo Jefferson abran sus puertas a mediados de este año.
El anuncio se llevó a cabo en la escuela Ánimo Oscar de la Hoya en el centro de la ciudad, a unas cuadras del imponente edificio del LAUSD.
Con lágrimas en los ojos, Mary Nájera, madre de un estudiante de Ánimo, contó cómo vio a su hijo reprobar en una escuela del Este de Los Ángeles, y recordó el temor que tenía de inscribirlo en un plantel nuevo sin saber qué pasaría con su educación.
“Tenía mucho miedo. Soy madre soltera y tenía miedo de algo diferente”, precisó. “Un año después, él tiene un promedio de 3.0 y su actitud dentro y fuera de la escuela ha cambiado totalmente”, afirmó la mujer.
Nota de La Opinión
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